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sábado, 30 de mayo de 2015

CITA PARA UN ESCRITOR DESESPERADO




Admirado escritor:


Por la presente le emplazo a un paseo el próximo martes por la tarde por el Parque Buttes-Chaumont al objeto de realizar un análisis pormenorizado de esa última novela inacabada suya que tanto le atormenta. Valiéndonos de mis años de experiencia estudiaremos con  detalle su dubitativo inicio, su torpe nudo y en el puente de piedra, contemplando el maravilloso Templo de Sibila, le ofreceré su salvación como autor con un espectacular desenlace. Ese final le aportará un valor especial no sólo a su texto sino al conjunto de toda su obra. Será el salto definitivo con el que ingresará en selecto club de  escritores de fama inmortal.


Impacientemente suya,



La muerte



                                                                                                                       Simón Rafael

viernes, 14 de noviembre de 2014

LA IMPUNTUALIDAD


Al despertar esta mañana una tremenda alegría de origen desconocido me inundaba. No me cuestionaba el motivo de la misma, la experimentaba como una sensación natural y habitual en mí, con sentirla me bastaba. Desayuné leche y galletas, mojando éstas en la leche y con ellas el mantel, mientras miraba absorto los dibujos animados. Se me echó el tiempo encima y salí de casa atolondrado. A la par que me colgaba la mochila terminaba de meterme la camisa por dentro del pantalón. Al menos dos veces estuve a punto de tropezar durante estas maniobras. Posteriormente vi aparcado ese coche que tanto me gusta y empecé a mirarlo a la vez que seguía caminando. Al  sobrepasarlo seguí mirándolo con la cabeza vuelta hacia él. Faltó poco para chocar con una farola. Sonó la sirena y eché a correr, fui el último en llegar y el director me riñó por mi tardanza. Me amenazó con un parte. Hace tiempo que las regañinas no producen ningún efecto en mí, si acaso nostalgia o melancolía. Dejé la escuela tras terminar mis estudios y entré en la fábrica. Treinta años después no he querido dejar de ser un niño aunque sólo sea por la falsa esperanza de que vuelvas de donde quieras que estés aunque sea para reñirme. Te quiero mamá.


miércoles, 9 de octubre de 2013

MESSAGE IN A BOTTLE

      A la orilla de un mar cristalino que lamiendo las costas de este país intenta diluir tantas vergüenzas, introduzco una fotografía y una nota en una botella que arrojo en brazos del destino para que, mecido por las olas, cumpla su propio fin.




   En el tiempo en el que se abre y se cierra el obturador de una cámara fotográfica, una bala recorre el cañón de un fusil.   Dos segundos.  Ese  es el tiempo en que tarda en cubrir una bala la longitud de un kilómetro e impactar en su objetivo. A esa distancia, enfoco a un joven soldado que se afana en instalar una bandera blanca, encaramado a un poste del tendido eléctrico. Justo en el momento en que  llega a la cima, presiono el disparador de mi cámara. Entonces, un sonido rompe en dos el mundo y el soldado cae, en peso muerto, como fruta madura que se desprende de un árbol. A continuación un silencio ensordecedor se apodera durante un breve pero interminable espacio de tiempo de todo cuanto rodea a la escena. Me pregunto, ¿habré matado yo a ese soldado?






     Contemplando nuevamente la fotografía en la terraza de un bar de mala muerte, a orillas de este mar apuro la segunda botella de un asqueroso aguardiente con sabor a hiel. Intento aliviar así el insoportable peso de esta maleta de reportero de guerra que llevo a cuestas  impregnada de sangre, llanto y desgracia y llena de barbarie, vidas truncadas y muerte. Introduzco la fotografía en la botella, mientras me pregunto si no serán mis ojos una cámara que capta imágenes que se impresionan en mi alma y juego con la idea de introducirme también en el interior de la botella y lanzarme en su interior al mar, como un mensaje de redención para la humanidad.  En ese momento, decido escribir estas palabras que espero lleguen a ser leídas algún día por alguien... o no.






sábado, 16 de marzo de 2013

HORIZONTE DE TUS OJOS




Horizonte de tus ojos

en expansión plena

me arrojo a los acantilados

del placer

mecido aún por la marejada

del mar de las infinitas mareas

me abrazo a ti como un náufrago de la vida

buscando sólo salvarme ...

y cuando rompe la ola

tendido en tu orilla de espuma

en la deriva de tu sueño navego

hasta Ítaca.

miércoles, 27 de junio de 2012

EL SÉPTIMO CONTINENTE

  Puede parecer que con las nuevas tecnologías el tiempo de los aventureros, exploradores y descubridores pertenece al pasado o bien a la literatura y al cine. Sin embargo, la vida se empeña cada día en desmentir cada uno de nuestros prejuicios. En medio del Pacífico, a más mil kilómetros de Hawai y con una superficie de entre tres a siete Españas  se encuentra el que se ha llamado séptimo continente, como la primera película del director alemán Michael Haneke.




  Descubierto accidentalmente por el capitán Charles Moore en 1997, desde entonces dos expediciones, una en 2006 y otra en 2009, han estudiado la zona. La última expedición con ese destino partió el 20 de junio de 2012, aunque no cumplió con el objetivo fijado puesto que tuvo que volver por enfermedad de uno de sus miembros.

  


 
 Pero, ¿cómo ha permanecido tanto tiempo inadvertido al ojo humano un continente de esas dimensiones?. Fundamentalmente porque se encuentra sumergido a unos treinta metros de la superficie. Se trata realmente de una acumulación de desperdicios humanos de más de tres millones de toneladas que se encuentran concentrados en esa zona por un remolino gigante, que gira en el sentido de las agujas de reloj, provocado por la fuerza de la corriente de vórtice del Pacífico Norte. La fuerza centrípeta de ese inmenso remolino de más de veintidós mil kilómetros de circunferencia arrastra léntamente y concentra los residuos en el interior de esa espiral. Los residuos son variados, desde bombillas, redes de pesca y boyas hasta millones de pequeñísimas piezas de plástico (que son ingeridos por la fauna e introducidos así en la cadena alimenticia). Por su composición parece más apropiado hablar de Gran Sopa de Plástico, aunque también se le nombra como Isla de Basura.




 Sin embargo, no es necesario realizar tan largo viaje para tener certeza de la existencia de la Isla de la Basura. Uno de los signos más evidentes de su existencia es la presencia de alguno de sus nativos entre nosotros. Aunque a primera vista parecen iguales a cualquier persona normal, la basura de sus ideales acaba delatándolos. Los más peligrosos son aquellos que ocupan sectores estratégicos en los que sus decisiones afectan a la mayoría de los ciudadanos.  La banca, la bolsa, el mundo de la empresa, los medios de comunicación, la política y la religión, son sus ámbitos preferidos pero también los encontramos en nuestro día a día y en la cercanía (los pelotas, los trepas, los maleducados, los irrespetuosos, los fanáticos, los sectarios, etcétera). Desde el mismo momento en el que hablan empiezan a vomitar basura con forma de palabras. Las palabras, que fueron inventadas para comunicar, las usan para confundir, para mentir y para engañar, y acaban manchando esas palabras, palabras que al ser escuchadas manchan nuestra alma. Sobre la realidad, sobre la verdad vierten una capa de residuos que acaban empozoñando nuestras vidas. Pero no toda la responsabilidad es de ellos, nosotros permitimos que sigan siendo así. Limpiemos nuestra sociedad de esta basura, repatriémoslos primero a su isla natal y hundámoslos en su propia mierda, puesto que ni siquiera merecen la esperanza de ser reciclados.
 




      Seamos consecuentes, somos responsables de nuestro futuro y de la herencia que dejaremos a las generaciones futuras. Pasemos a la acción, desde la base del humanismo y la ciencia, y conseguiremos limpiar la sociedad y el planeta. Por un futuro digno y una sociedad y un planeta sanos.


viernes, 27 de abril de 2012

LAS MONARCAS EN CÁDIZ

No, no se trata de ninguna noticia extraída del futuro según la cual una futura heredera a la corona española, como guiño y demostración de la modernidad de la institución y tras declarar su lesbianismo  y presentar públicamente a su pareja, realiza un comunicado vía twitter informando que trasladan la corte a los Caños de Meca, donde practicarán el nudismo, despachando de esa guisa y atendiendo sus obligaciones como Jefa de Estado por vía telemática. Tampoco se trata de una huída de las féminas de la Casa Real ante el comportamiento poco ejemplar de sus, cada vez, menos amados varones.

Revisados sus escritos, tampoco corresponde a ninguna profecía de Nostradamus de enigmática interpretación. Se trata de algo más sencillo a la vez que sorprendente.


Cada año, la bella mariposa monarca (danaus plexippus), con diez centímetros de envergadura de alas y un peso de un gramo, emigra desde Cánadá y el norte de Estados Unidos hasta México huyendo de las frías temperaturas invernales, realizando el viaje de vuelta en primavera. Su migración constituye un verdadero espectáculo visual, además de una proeza.






Según el estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Córdoba y de la Fundación Migres, la mariposa monarca ha conseguido atravesar el Atlántico arrastradas por los fuertes vientos de oeste y llegar hasta Cádiz, donde se han asentado en la franja litoral comprendida entre Vejer de la Frontera y Jimena de la Frontera. Las temperaturas reinantes en la zona así como otras dos translocaciones o introducciones de plantas no autóctonas de la península ibérica (la adelfilla procedente de América Central en el siglo XVI y desde África la mata de seda en el siglo XVIII) crean condiciones suficientes para su supervivencia y reproducción.


Éstas náufragas del viento, constituyen un ejemplo de la naturaleza que no puede pasar desapercibido para el ser humano. Si un ser tan frágil consigue sobrevivir a un desplazamiento de más de 5.000 kilómetros a merced de los vientos, ¿por qué pensar que el ser humano, dotado de inteligencia para aprender del entorno y adaptarse a él, no será capaz de superar las situaciones difíciles que se le han de presentar a lo largo de su vida?. El pesimismo constituye un límite para el desarrollo de nuestras capacidades que nosotros mismos nos imponemos. Como seres inteligentes con nuestra actitud debemos de orientar nuestras aptitudes hacia la superación de los obstáculos que nos encontremos y no hacia la frustración de nuestras expectativas. En la vida no todo depende de nosotros, sólo nos queda creer en nosotros mismos. Basta hacer como las mariposas monarca, ser bellos (en nuestro caso por dentro), no desfallecer y, a veces, dejarse llevar.








Paradójicamente, merced a un vuelo de varios miles de kilómetros, otro monarca, mata en un país africano a un elefante y, según información oficial se cae y se fractura la cadera (al monarca me refiero, porque del elefante nadie se preocupó mucho). Pero, ¿y si las monarcas mariposas hubieran desviado su vuelo hacia ese país africano y este otro monarca se hubiera quedado aquí?, seguramente dicha persona no se habría roto la cadera, nos habríamos ahorrado el bochornoso y poco ejemplar espectáculo en los momentos de crisis en los que estamos y, lo más importante, el elefante seguiría vivo.


Con esto pues, en los tiempos de grandes razonamientos en que vivimos, quedaría oficialmente demostrado  como el uso del vuelo a motor perjudica a la supervivencia de los elefantes mientras que el vuelo natural de las monarcas favorece fundamentalmente el disfrute de nuestros sentidos.







De todo lo expuesto deducimos que, puestos a que haya monarquía, mejor que sea la de las mariposas, que al menos son bonitas y se saben comportar, y que igual sería conveniente que nuestra monarquía aprendiera a volar de forma natural, sin propulsión mecánica, por si tiene que acabar migrando, no ya por lo feos que son, sino por sus poco ejemplares comportamientos.


Aprendamos todos de las mariposas.

jueves, 12 de abril de 2012

DE LOS NOMBRES


Los nombres propios son aquellas palabras que, aunque etimológicamente pueden tener un significado, normalmente este, con el paso del tiempo, se ha perdido de la memoria colectiva. Por ello,su elección suele hacerse fundamentalmente por criterios estéticos sonoros, por herencia, cuestiones sentimentales o modas.


Inicialmente el nombre propio tenía un significado que aludía a alguna cualidad o característica que se pretendía que se transfiriera o identificara a su portador. Sin embargo, en la mayoría de las llamadas “sociedades desarrolladas” el referente de su significado se ha perdido.  En  una sociedad con una percepción antropocéntrica, todas las palabras tienen su significado salvo aquellas que designan e identifican a las personas. Los nombres propios son palabras que no suelen estar en el diccionario, aunque son de las más usadas en el día a día. Nuestro nombre será sin duda la palabra que más veces oigamos en nuestra vida. El conjunto de experiencias que conforman la vida es el diccionario en el que aprendemos que significa cada nombre en cada momento para cada uno de nosotros.


Aunque bien pensado, igual se ha perdido el significado inicial de cada nombre porque ¿es posible que una sola palabra compartida por personalidades tan diversas defina acertadamente a todas las que lo comparten?. Quizás como consecuencia del desconocimiento de su significado original o por el propio hecho de que muchas veces el significado del nombre no se ajustaba al de la persona , surgieron los motes, sobrenombres o alias (al final resultó que el jefe de los cazadores de la tribu, Gran Ojo de¨Águila, no veía un bisonte ni aunque le estuviera pisando el pie, como así pasó, y este desgraciado accidente unido con el fuerte acento castellano fruto del contacto con los primeros misioneros españoles hizo que los demás indios en lugar de por su nombre originario pasaran a llamarle, Gran Cojo de Ávila).


A pesar de la pérdida de su significado, un nombre es una etiqueta, un traje que enfunda y caracteriza a quien lo lleva. Sólo que ese traje no lo elije normalmente quien ha de vestirlo. Así resulta que a veces ese traje le viene a uno grande o pequeño,  es demasiado llamativo o extravagante, o bien está pasado de moda o lo lleva demasiada gente.




Por otra parte, llegado un determinado momento la tribu era tan numerosa que hubo que llevar la cuenta de quienes la conformaban, identificándolos por su nombre. Así nacieron los registros oficiales de personas. La inscripción en el registro es la que determina la existencia oficial de la persona. Sin duda no le damos la suficiente importancia a este hecho y pasamos por alto que, de esta forma, el ser humano civilizado es un animal que consigue la proeza de nacer dos veces. Además de esta forma nos garantizamos la eternidad pues ese nombre que se nos impone, nunca mejor dicho, el día de nuestro nacimiento, aun pervive a nuestro fallecimiento. Ese traje que se nos enfunda es nacimiento y es mortaja. El vivo que no lo tiene no existe oficialmente y cuando muere y su recuerdo desaparece a la par que lo hacen los seres que recuerdan a esa persona, esta no sólo deja de existir sino que jamás existió. Para el que tiene nombre, a su muerte sólo su nombre le sobrevive. Con un nombre, registrado oficialmente, su existencia está garantizada y hasta es eterna, aunque sea en los libros.





     En una época de crisis como la que vivimos y de tan alta creatividad de los poderes políticos y económicos, esta reflexión sobre la importancia e historia de los nombres propios no es baladí, aunque desgraciadamente creo que estos poderes no han podido entrar a valorar su importancia. Probablemente como consecuencia de que las pesadas digestiones que produce la alta cocina creativa que tienen que sufrir en esas comidas que, de una forma u otra todos pagamos, requieren una concentración extra de sangre en el sistema digestivo y, consecuentemente, una disminución de la disponible en el sistema nervioso para el ejercicio de sus altas actividades pensadoras.


Fíjense la importancia de lo expuesto: seguro que los problemas de hambre en los países subdesarrollados tienen su origen en la inexistencia o ineficacia de esos registros civiles. Si estas personas inscribieran sus nombres en dichos registros pasarían a existir y por tanto, podríamos empezar a pensar en ellos (“mire usted, cómo vamos a repartir con ellos si es que no sabíamos ni que existían”). Luego ahí está la solución, nada de ayudas al desarrollo oiga, a crear registros civiles a troche y moche y ya después, si eso, se reparte.





Y si no, se puede operar al revés, si así lo creen mejor estos poderes. Por ejemplo, respecto al problema del desempleo que afecta a España, este se vería resuelto inmediatamente no registrando a determinados ciudadanos (“ ¡Oh!, lo siento, si el niño no viene acompañado de una oferta de trabajo o no hereda determinada fortuna no puede tener nombre, si acaso llámelo usted Invisible, ¿a quién no le gustaría ser invisible hombre de dios?, seguro que usted ha soñado alguna vez serlo, ¡eh!, picarón. ¡Venga hombre!, anímese todos los días no nace uno con superpoderes ”).  De esta otra forma todos contentos, los invisibles con su superpoder de la invisibilidad y los poderosos, tan altruistas, sacrificándose por nosotros, manteniendo su cuota de poder.


lunes, 19 de marzo de 2012

LOS FOTÓFAGOS

            No me refiero a ningún tipo de microorganismo que se alimente de luz, que quizás sea uno de los alimentos del alma, sino a un tipo de ser humano que parece alimentarse de fotografías demostrando con su práctica un apetito voraz. Tradicionalmente los japoneses han sido los mayores fotófagos del género humano y son realmente los que más mérito tienen puesto que ya eran fotófagos cuando la fotografía era analógica y no digital.  Sin embargo, esta práctica nos ha ido colonizando a la par que la cámaras niponas inundaban nuestro mercado y se hacían más accesibles para nuestros bolsillos.



 El auge de la fotofagia está íntimamente ligado al  de la fotografía digital. Esta técnica permite darle al botón de forma compulsiva al objeto de recoger el más mínimo detalle o bien realizar un reportaje completo del evento desde todos los ángulos y segundo a segundo. Con la fotografía analógica uno estaba limitado por el número de fotografías del carrete  así como por el precio del revelado. Esto le hacía a uno pensar bien la fotografía a realizar y permitía compatibilizar esta actividad con la percepción completa del momento. Pero esto a los japoneses parecía no limitarles. Claro está que nosotros solo veíamos a unos pocos de japoneses, concretamente aquellos que podían costearse un viaje de más de diez mil kilómetros cuando no existían líneas de vuelo de bajo coste. Por otra parte, cuando uno hace un viaje tan largo seguro que llega a un lugar muy diferente que el de origen y que todo a uno le sorprenda y pretenda retratarlo. Pero bueno, no vamos a quitarle a los japoneses el inmenso honor de ser los primeros seres fotófagos pluricelulares.



Los fotófagos se caracterizan por vivir la vida a través de un objetivo, el de la cámara, sin más objetivo que el que su cámara capte toda la realidad. Así pues, como hábito, pasan de intentar sentir un momento a retratarlo, de vivirlo a captarlo. Supongo que posteriormente cuando revisan los centenares de fotografías que caen como promedio  por cada evento, intentarán reconstruir la historia del mismo. Lo que dudo es que sean capaces de reconstruir, de vivir, las sensaciones del momento en el que se produjo la fotografía. Creo que eso sólo lograrán hacerlo unos pocos. Así pues, hagan  ustedes fotografías, pero vivan también el momento a través de sus propios sentidos.